La Ruleta Rusa - Capitulo VII "Una Casa Diferente"

Capítulo VII

Una Casa Diferente

 

Aun era de noche, y aunque me sentía cansada, no deseaba dormir, lo aceptaba tenía la necesidad de saber más, muchísimo más; pero esta vez no se trataba de “Mi Supuesto Poder, quería saber más sobre él ¿Quién era en realidad el que se hacía llamar Mi Guardián? Quería entender todas esas cosas que había visto esa noche en lo que me pareció, su corazón.

Tenía la curiosidad allí latiendo como mosquito andante por la noche, la cual venció mi lógica, y casi inconscientemente empecé a seguir de nuevo las instrucciones que Samuel me había dado; esta vez a distancia y con una persona, a la que yo creía, profundamente dormida.

Aspire todo el aire que me fue posible y me concentre como lo había hecho antes, pasando por todas las sensaciones anteriores, los sonidos, olores, tactos que pude llegar a sentir. Recorrí el mismo camino hasta que pude llegar nuevamente a su corazón, rebasando de casi palpar el físico del mismo a lo interno de los sentimientos, los mismos que anteriormente ya había descrito; me concentre en el que más me causaba curiosidad, y apareció de nuevo aquella mujer con ojos de miel.

Pude observar más claramente su imagen, y no sabía en dónde pero se me hacía bastante ¿Familiar? Era de Cabello color rojo cobrizo, lacio y largo que llegaba casi hasta después de las caderas,  tez muy blanca casi pálida; era de estatura alta y de figura esbelta, y esos ojos color miel que casi hipnotizaban. Observe más de cerca sus movimientos llenos de gracia y elegancia, nunca antes había visto una mujer tan agraciada como aquella; e imagine que yo a su lado seguramente parecería algún tipo de gorila con bruscos y ordinarios movimientos. La vi alejarse de mi vista, aquella que observaba a través de los ojos de Samuel, aquel momento que parecía ser un recuerdo. Antes de desaparecer de mi vista había escuchado

-“Lo siento, no quise hacerlo, pero “Esto” no puede ser” – observe nuevamente su cara, y no sé si serian ideas mías pero sus ojos más que culpa mostraban cierto deje de desdén.

Después de eso todo se nublo en mi vista, sentía rabia, furia e impotencia y todo esto era concentrado en el puño de ese cuerpo; pero desperté al instante, interrumpieron mi ensoñamiento dentro de aquellos recuerdos.

-   No es bueno entrar sin permiso, Daniela; especialmente a mí me provoca un dolor increíble en el pecho – Dijo obstinado, tal padre regañando a su hija por haberle desobedecido.

-   Ehmm – tosí – lo siento, solo quería practicar – No podía verle a la cara, me moría de la vergüenza al verme pillada – No volverá a pasar – Prometí.

-   Más vale que así sea. – Dijo con una furia casi imperceptible.

A fuera la lluvia había cesado, y yo estaba bastante casada por culpa de aquellas “practicas”;  muy adormecida apenas me percate de como Samuel se levantaba, y empezaba a guardar las cobijas y almohadas dentro del armario sin tanto problema como lo había tenido yo, estaba a punto de salir por la ventana, pero antes de poner un pie afuera escuche como se acercó a mí.

-   Descansa pequeña curiosa, sé que lo lograras más pronto de lo esperado – dijo casi en un susurro, su voz era tan calmada, y acto seguido deposito un pequeño beso en mi frente, luego de eso no tuve conciencia de la realidad, pues el sueño me había vencido.

A la siguiente mañana me levante con una pesadez increíble en mis ojos, como si tuviera un letargo de muchos años, exagere. Mire la hora, - 7:30am – voy MUY tarde. Me di cuenta de la ausencia de Samuel en la habitación y el remoto recuerdo de su salida llego a mi mente; comencé a prepararme y antes de irme, escuche como Samuel bajaba del techo y entraba ágilmente por la ventana.

-   Ehm, Hola – Aun no me acostumbraba del todo - Buenos días, ¿Cómo dormiste? – Se le veía una sonrisa bastante cansada.

-   Bien, dentro de lo que cabe ¿Tu? – dije observando su cara demacrada, hasta pensé que se desmayaría en cualquier momento

-   Bien – dijo sin mucha importancia.

Dando paso a mis instintos médicos, me acerque para verificar su temperatura, ante este acto él intentó alejarse, pero no lo consiguió. Finalmente logre tocar su frente y después el cuello, casi me quemo ante el contacto.

-   ¡Estas Hirviendo! – casi grite.

-   Mentira, ¡Eres tú la que esta helada!

-   No seas escurridizo, soy CASI doctora ¿Recuerdas? Se distinguir entre temperaturas.

-   Ahm, bueno seguramente estoy en mi temperatura natural, siempre suele ser más cálida que la de los demás.

-   Yo te he tocado antes, y si a decir verdad, tu temperatura es más caliente que la de cualquier otra persona, lo acepto, pero ahorita no te has salvado de tener fiebre.

-   No tiene importancia, en serio. Ya he pasado por esto y dentro de unas horas se me bajara la fiebre. Te dije antes que me curaba rápido ¿No lo recuerdas?

Estaba dudando de sus palabras, si seguía así y no se trataba con la debida delicadeza, podría empeorar y mucho. Pero si en algo él tenía razón es que SI curaba rápido, y más que suficiente, fue la prueba de aquellas graves heridas con las que lo conocí; ¡En 3 días ya estaba ileso! Aun no podía creerlo del todo. Un humano normal ni siquiera hubiera podido sobrevivir al tipo de heridas que él tenía, o por lo menos hubiera llegado inconsciente, pero decidí darle el beneficio de la duda; total si le pasaba algo ya no sería mi responsabilidad, que él no supiera cuidar de sí mismo; y si eso pasaba me reiría en su cara, y después de estar satisfecha entonces lo atendería como era debido.

-   Está bien, pero si te pasa algo, después no vengas a culparme a mí. Después de todo, tu solo te saliste a mitad de la noche a penas  paro de llover, Nunca te pedí que te fueras ¿Sabes?

-   Si es cierto, pero es que cierta pequeña curiosa estaba “practicando” demasiado y me usaba a de conejito de indias – dijo con ironía, y mirándome inquisitivamente.

Me sonroje fuertemente al recordar lo que había hecho la noche anterior, y en un intento de huir de esa vergüenza me di la vuelta y empecé a caminar fuera de mi casa, sin despedirme, hasta que sentí como Samuel me seguía.

-   Voy contigo - me dijo

-   Has lo que quieras. – Era la primera persona que me había vencido en un juego de palabras, y eso me ponía furiosa. No es que hablara muchos, pero estaba segura que cuando lo hacia todos los demás quedaban callados en un intento de vencer mis razones.

Continúe caminando, hasta llegar a la carretera, iba a seguir mi habitual camino hacia el hospital, pero la mano de Samuel me detuvo y me empezó a guiar hacia otro lado.

-   ¡Oye! ¿A dónde vamos?

-   A mi casa, necesito cambiarme.

- Wao tiene casa, pensé - ¿Tienes casa, cueva o madriguera? – bromee.

-   Muy gracioso señorita, pero si debo aceptar que es un poco de los tres – dijo con una extraña sonrisa, y siguió guiándome hasta su casa.

A los pocos minutos llegamos a una casa grande, que a simple vista tenía una fachada bastante tenebrosa para mi gusto, estaba pintada de Gris con varias franjas negras, y poseía pocas ventanas se notaba desde afuera cuan oscura era por dentro.

Al llegar a la puerta, me invito a pasar y así pude apreciar el interior de la casa; estaba decorada en una gama de marrones, con luces tenues amarillas. Era como si entrara a uno de esos restaurantes de antaño, se me hacía similitud con las casas estadounidenses antiguas, elegantes y con un estilo victoriano, todo era muy tradicional. Pero a pesar de todos los tonos cálidos en la decoración, hacia extremadamente frio en ese lugar, precisamente como el frio de las cuevas.

– Me pregunto si con esa temperatura corporal Samuel se morirá de calor, y por eso exagera con el aire acondicionado – pensando esto me prometí preguntárselo en otro momento; pero fue su voz quien me saco de mis pensamientos.

-    Espérame aquí, no tardare – Asentí y él empezó a caminar, pero lejos en el pasillo dijo más alto para que le escuchara – ¡Siéntete como en tu casa, pero por favor no destruyas nada pequeña!

-   ¡Ja! Como si fuera algún pasatiempo mío – chiste.

-   ¡Es tu favorito! – Escuche su grito y después su fuerte risa.

-   Condenado súper oído.

No le preste atención, y cuando me asegure de estar sola en lo que parecía el living de esa casa, empecé a caminar a recorrerlo, pase por los muebles, que eran elegantes sin dejar de ser cómodos de color crema. Estanterías con muchas fotos; parecía que Samuel tenía mucho tiempo viviendo aquí, quizás hasta más de los que podría esperar, yo nunca había visto esta casa antes y eso que vivo en San Francisco, desde que tengo conocimiento.

Continúe recorriendo cada parte del living, pero enseguida mi atención fue captada por una repisa en específico, la cual estaba sobre la chimenea, frente al sofá; en ésta habían 8 fotos, me acerque para observarlas mejor, en la mayoría de ellas podía reconocer a Samuel, pero en las fotos él tenía el pelo largo, siempre con su característico valor blanco platinado pero lo podía diferenciar por el destello de sus ojos y por su indescriptible rostro. Habían 3 fotos que estaban a blanco y negro, se notaba que eran bastante antiguas; en ellas estaban varios grupos de personas, y de todos podía distinguir claramente a Samuel.

Una de las fotos estaba impresa, por lo que parecía, en una lámina de sales de plata, que según la historia de la fotografía estas fueron las primeras laminas utilizadas como soporte de grabación de las imágenes; pero eso fue alrededor del año 1825, y aun cuando la imagen estuviera borrosa podía distinguir claramente la figura de Samuel sentado en el suelo, atrás de él habían unas 7 personas, todos estaban sonrientes más que todo Samuel, tenía una expresión de niño cuando tiene juguete nuevo, nunca lo había visto de esa forma.

- ¿Cuántos años tendría este chico? – me pregunte.

Pase a la siguiente foto, en esta se encontraba un hombre con la cara impenetrable, de características físicas muy similares a las de Samuel, solo que éste era más alto y robusto; aparte de que en su cara se denotaba la experiencia que tenía, supuse que era su padre. A su lado había una mujer, con una sonrisa muy dulce, de estatura mucho más baja que su compañero, y su cara demostraba la sabiduría y elegancia que seguramente poseía; esta vez supuse que era su madre. Alrededor de ellos habían personas que no pude distinguir, pero si me llamo la atención que en el centro de la fotografía había un niño sentado en el sueño, con su pulgar metido en la boca y mirando a la mujer de sonrisa dulce, con uno de sus bracitos alzados en su dirección.

Lo reconocía, era Samuel de pequeño conservaba las mismas facciones a pesar del tiempo; una sonrisa paso por mi cara al imaginármelo babeando como cualquier bebe, ¡Hasta de bebe era irresistible!

– ¿Pero qué demonios estoy pensando? – irresistible, todos los bebes son irresistibles ¿No? ¡En específicos sus traseros! Era algo así, como Adicta a ellos.

Pase a la última foto de la repisa, y me sorprendió distinguir a la mujer que había visto en la “practica” de la noche anterior, por supuesto esta vez con una imagen más clara de su rostro; y podía decir que realmente era hermosa, de piel blanca como la nieve y muy delicada; note que estaba junto a Samuel en la fotografía. Él la abrazaba con una sonrisa sincera y pura, y no entendía por qué pero ante esa imagen se me hizo un pequeño nudo en la garganta. Ella por su lado mantenía lo que a mi parecer era una sonrisa fingida, si hay algo que sabía distinguir perfectamente eran esos tipos de sonrisas, pues yo misma las practicaba muy a menudo. En los ojos de esa mujer por más que buscaba no podía encontrar expresión alguna de emoción; mire un poco más de cerca la imagen pero nada, es como si estuviese vacía y fría, como si fuera echa de barro y estuviera hueca; fruncí el ceño ¿Por qué mantenía esa cara, y más aún esa sonrisa fingida, con quien parecía ser su amado? Y de nuevo ese nudo en la garganta se enfureció, provocando ahora un problema más intenso pero en mi corazón.

Un ruido proveniente de los pasillos, donde por última vez había visto desaparecer a Samuel, me saco de mis pensamientos, unos pasos se acercaban; así que deje la foto que aun sostenía en donde la encontré, y me senté en el sofá como si nunca me hubiese parado de él.

Cuando escuche que aquellos pasos estuviesen lo suficientemente cerca de mí, voltee para ver ante mí a Samuel vestido con una camisa blanca cuyas mangas llegaban a los codos, le quedaba un poco ajustada dejando notar lo bien formado de su pecho, con los tres primeros botones de la camisa desabotonados, al darme cuenta de esa parte descubierta me sonroje, acto que provoco una mayor y arrogante sonrisa de satisfacción en el rostro de Samuel; la camisa la combinaba con un jean negro y con zapatos deportivos del mismo valor.

Si hay algo que debía aceptar, a pesar de mi orgullo, se veía realmente guapo recién bañado y fresco; jamás aceptaría en voz alta que aunque estuviera lleno de lodo se vería igual de bien.

– Condenado modelo arrogante y natural. – pensé

-   ¿Vamos? – pregunto y yo en seguida asentí, parecía ser el ambiente de esta casa el que me tenía tan embobada y sumisa, pues enseguida que estuvimos afuera, se fue mi encantamiento.

El camino al hospital, fue bastante silencioso, los dos lo bastantes metidos en nuestros pensamientos como para entablar una conversación, paso el tiempo volando entre pensamiento y pensamiento, cuando ya nos encontrábamos en la recepción del hospital.

-   ¿Qué harás mientras termino mi turno?

-   Tengo cosas que hacer.

-   Bien, suerte entonces – aunque me dada curiosidad saber que haría, no le tome importancia me di media vuelta, camino a mi “oficina”.

En cuanto entre a la habitación, sentí como detrás de mí se cerraba la puerta de la misma por sí sola, volteé de inmediato asustándome con lo que me encontré, era una bestia, más inteligente que la primera que intento comerme pero con las mismas intenciones, el ser frente a mí se acercó con sus orbes cafés llenas de pura excitación, me acorralo  junto al escritorio sin darme tiempo a correr de sus garras, me miró fijamente con ansias y cuando comprobé su verdadera intención abrí los ojos como platos, lo más que pude.

– Rayos – masculle por lo bajo.

-   ¡Mi queridísima amiga Daniela, Buenos Días! – Dijo Sara aún muy cerca de mí y cerrándome el paso, podía sentir la emoción en cada palabra y gesto que lograba auricular – Dime algo – ¡Aquí vamos! -¿Aquel no era el paciente del otro día? – señalo el pasillo que daba a la recepción.

-   Ehmm, sí... – Pensé que había pasado desapercibida.

-   ¿Solamente si? Estoy esperando una historia querida amiga. – Dijo alejándose y arrastrando una silla a la puerta, en la cual se sentó, ¡Estaba claro que no podría huir! Definitivamente ahora prefería a la bestia que quería comerme literalmente.

-   Ejem bueno – tosí – Es una larga historia y ¡Tenemos mucho trabajo por hacer Sara! – por lo menos intentaría escapar.

-   ¿Notas dónde estoy? – Asentí – A menos que me adelantes algo de esa Larga Historia, no me moveré. – la vi sonreír maliciosamente.

-   Ehmm, si Sara Ese paciente, Samuel y yo tenemos “Una historia” – Dije haciendo señas de comillas con los dedos en las últimas dos palabras, y vi como la emoción en sus ojos se intensifico.

-   Era todo lo que tenías que aceptar – Casi salto de la silla y empezó a abrazarme como si fuera mi cumpleaños, sabía que malentendería mis palabras pero no estaba lista para decirle la verdad, así que me limite a sonreír – Muchas felicidades, ¡La verdad estaba dudando vivir lo suficiente para escuchar esas palabras de tu boca!

-   Si, lo que sea, vamos a trabajar ¿Quieres?

-   Ya verás que el amor hará maravillas en ti – dijo ignorándome y haciendo con sus dedos la forma de un corazón.

Mientras yo quitaba la silla y abría la puerta para ir camino a Emergencias, ella me siguió saltando, cual niña en la pradera. Al llegar nos concentramos en los pacientes, nada como el trabajo como para hacerle olvidar el tema a mi amiga.

Fueron pasando paciente por paciente, desde que Sara y yo nos conocíamos siempre habíamos trabajado juntas en todo, hasta en los pacientes, esa mañana atendimos desde alergias comunes, y unas más graves, hasta amigdalitis, solo tratamiento no hicimos ningún curetaje, solo algunas limpiezas de heridas; se podía decir que era un día tranquilo.

A la hora del almuerzo, nuestro tiempo libre, ella tenía que ir al banco, estaba teniendo algunos problemas de fluidez en su cuenta bancaria, pero antes de irse menciono que el fin de semana seria de ella, me secuestraria y tendría que contar palabra por palabra sobre Samuel; yo en realidad estaba demasiado cansada como para prestarle tanta atención, esas prácticas tuvieron su efecto, así que en cuanto se fue me dirigí directamente al cuarto de descanso de los internos, por lo menos podría dormir unos 45minutos.

Entre sin siquiera darme cuenta si había alguien más allí, busque la cama y me tire en ella, cerré los ojos y empecé a relajarme… Algunos segundos después sentí como si otra persona se acostara a mi lado, no le preste atención, en estos cuartos todos estaban muy cansados como para importarle quien duerme a su lado, y eso siguió así hasta que sentí su olor, que reconocí inmediatamente, era el olor del mar. Al ubicarme en el dueño de dicho olor, voltee rápidamente mi cabeza con los ojos abiertos, para precisamente darme cuenta de que mi suposicion estaba en lo correcto.

Me senté asustada y sorprendida, recibiendo un golpe por parte del techo de la litera.

-   Auch – Me queje - ¿Qué demonios haces aquí y vestido así? – por lo que parecía tenía el uniforme de los de cirugía interna.

-   Hola, compañera – dijo con una hermosa sonrisa - ¿tú que crees que puedo estar haciendo con este uniforme en un hospital?

-   Ehmm – pensé un poco – ¿Trabajas aquí? – Asintió - ¿Desde cuándo?

-   Desde hoy… ¿No me vas a felicitar? – Se acostó boca arriba con los brazos detrás de su cabeza. Yo solo lo miraba atónita – Yo también necesito trabajar, y bueno precisamente el trabajar aquí me permite estar pendiente de ti – Suspire.

-   ¿Cuándo estaré lista para saber todo? – y para de una vez volver a mi vida de soledad, no sabía por qué pero sentía que cuando yo supiera todo él se iría de mi lado.

-   Cuando termines el entrenamiento que te voy a dar.

-   ¿Entrenamiento, De qué?

-   Te enseñare a despertar tu poder, no es mi especialidad pero por lo menos te podre dar ciertos indicios, algo parecido a lo que hicimos anoche. Lo empezaremos mañana en cuento terminemos las clases. – Y como casi siempre, se fue sin si quiera dejarme responder, pero que arrogante podía ser este chico.

Después de esa conversación, lo veía de vez en cuando en los pasillos y creo que las personas a nuestro alrededor pensaban que nosotros teníamos cierto juego de miradas y gestos, burlas, e indiferencias; pero a decir verdad en casi todas me derroto – Condenada mirada, condenado modelo arrogante, ¡Condenado Samuel! – Él tenía ventaja, y eso no era del todo justo. Y cuando él se daba cuenta de mi derrota, sonreía con su habitual arrogancia.

Así que decidí destruirle esa mirada con un plan Maquiavelo, que aunque aún no supiera cuál era, lo idearía muy bien, para conseguir la victoria en este juego de miradas peligrosas.

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Comentario

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Comentario de Johandry Jose Cabrera Tenias el octubre 4, 2011 a las 12:46am
Interezante, me dejo un poco "picado" espero no haya que escribir bien en estas cosas porque si no me raspan, wee espero siguiente capitulo para "busearmelo" en vez de darle riendas a mi imaginacion jajajaja... saludos, sigue como vas xD
Comentario de Linda Jimenez el septiembre 14, 2011 a las 5:59pm

Tiempo sin publicar, pero prometo terminarlo pronto, ando entretenida con un libro "El maestro de Esgrima" lo recomiendo abiertamente...

 

Espero que les guste, criticas o elogios siempre bien recibidos, gracias!

Linda Jimenez

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